
¡Bendita la inocencia de los niños!
¡Bendita la calidez de sus palabras, la naturalidad de sus expresiones y la profundidad de sus sentimientos! Cuando un niño o una niña nos habla, de su boca brotan las palabras liberadas de las ataduras de la falsa apariencia atadas por las normas sociales en la edad adulta.
¡Benditos, porque inocentes aspiran a vivir una larga vida repleta de grandes momentos de libertad y satisfacción! No viven el futuro ni sus complejidades. Disfrutan del momento paso a paso, paladeando cada sensación como si fuese la última. El tiempo no es una medida adulta, cerrada y castrante. Se convierte en una simple referencia, una mirada hacia lo que ya hemos vivido sin el miedo a lo que sucederá.
¡Benditos, porque hacen más alegre e intensa la vida de quienes tenemos la gran suerte de tenerlos a nuestro lado! Algunos maestros lo han sido por auténtica vocación y otros por la simple casualidad que tanto lo condiciona.
¡Bendita la calidez de sus palabras, la naturalidad de sus expresiones y la profundidad de sus sentimientos! Cuando un niño o una niña nos habla, de su boca brotan las palabras liberadas de las ataduras de la falsa apariencia atadas por las normas sociales en la edad adulta.
¡Benditos, porque inocentes aspiran a vivir una larga vida repleta de grandes momentos de libertad y satisfacción! No viven el futuro ni sus complejidades. Disfrutan del momento paso a paso, paladeando cada sensación como si fuese la última. El tiempo no es una medida adulta, cerrada y castrante. Se convierte en una simple referencia, una mirada hacia lo que ya hemos vivido sin el miedo a lo que sucederá.
¡Benditos, porque hacen más alegre e intensa la vida de quienes tenemos la gran suerte de tenerlos a nuestro lado! Algunos maestros lo han sido por auténtica vocación y otros por la simple casualidad que tanto lo condiciona.
No obstante, unos u otros (salvo malévolas excepciones) gozan del privilegio de la compañía de esos pequeños "genios" que todo lo observan desde la inocencia del que todo lo descubre y todo lo goza. Disfrutamos sus genuinas percepciones de lo visto y lo vivido y aunque en ocasiones nos enfurezcamos ante sus formas tan alejadas de toda falta de control (lógico por otra parte, ya que hablamos de personitas en formación), nos maravillamos igualmente y descubrimos lo auténticamente bello de la vida.
¡Benditos, porque sin quererlo, consiguen que el adulto que los trata recupere la "esencia" de la felicidad terrenal: la inocencia! Nos trasladan al mundo de lo fantástico y de lo sencillo. Al mundo en el que solo vale aquello realmente importante para la supervivencia y la satisfacción. Un mundo de sentimientos profundos y veraces, donde el llanto por la ausencia de la persona querida es el único llanto sin egoismos ni verdades a medias.
¡Benditos, aquellos que tienen la suerte de nacer en familias que les quieren, les respetan y sobre todo les ayudan a ser grandes personas en la vida adulta! Porque a veces olvidamos que lo que realmente somos para ellos es fuentes de sabiduría plena. Espejos en los que mirarse y aprender a ser mayores. Su alma limpia de restricciones, debora con impaciencia los aprendizajes que pueden emanar de cada uno de nuestras palabras, gestos, actos e incluso pensamientos.
Dúctiles y maleables como el barro, precisan una guia firme que les ayude a desarrollarse plenamente y hacerse hombres y mujeres con valores firmes y poderosos.
No nos amparemos en maltratos a la infancia del pasado para justificar la ausencia de límites. No hagamos de las generaciones futuras, entes sin valores ni freno en una sociedad cada vez más individualista y tecnológica.
Si así lo hiciéramos pensando que hacemos felices a nuestros hijos/as, no nos engañemos, ya que es posible que sean muy felices y libres en el presente, consentidos en todos sus antojos y deseos, pero posiblemente serán adultos sin límites morales y cívicos que únicamente sabrán hacer daño, inlcuso a sí mismos.
¡Benditos también, los que a pesar de haber nacido en la "cara mala" del planeta, todavía sonríen a los días de hambre y dolor! Benditos porque ellos son la esencia misma de la naturaleza vital del infante.
¡¡NIÑOS!! ¡¡NUESTRO PASADO Y NUESTRO FUTURO!!