domingo, 11 de mayo de 2008

"LA VERDAD DE LA VIDA”



La verdad de la vida no existe. Únicamente la ensoñación de pensar que se vive lo que se desea, aún sintiendo el peso de imposiciones ajenas que se nos dan por verdades irrefutables.

Somos presos de nuestro destino, cincelado a base de decisiones que pensamos propias y que en el fondo, no son más que la única opción posible para la supervivencia.

Somos presos de nuestros anhelos. Nos convierten en corredores de fondo que persiguen un final de trayecto que jamás conseguirán alcanzar, porque seguramente, superan las expectativas reales que la propia existencia ha depositado en nosotros.

Somos presos también de nuestros fracasos. Marcados a fuego por la desdicha de mostrar nuestra debilidad al mundo, torcemos nuestros pasos futuros en busca de no volver a equivocarlos y lo que hacemos en realidad es equivocar nuestro futuro.

La única verdad, es que no se nos permite reflexionar sobre el paso dado y asumir el error como algo natural, puesto que el que frena y reflexiona, se aleja poco a poco del ritmo frenético de la vida en sociedad. Y el que se aleja....será marginado. .

¿Quiénes son los marginados entonces? ¿Los que llamamos “olvidados de la sociedad” o los que aferrados a un ritmo impuesto dejan su destino en manos ajenas? Sin duda alguna, los primeros han elegido un camino propio, mientras los segundos aún creyéndose en el sendero correcto se han alejado definitivamente de la felicidad.

Parece la opción más cómoda para justificar la propia dejadez existencial, culpar a otros de la vida que elegimos, pero no es menos cierto que en muchas ocasiones, cuándo queremos hacer de nuestra vida un “jardín de felicidad”, convertimos nuestro camino en una batalla contra los elementos. Una lucha desigual entre un “David” humano y un “Goliat”ajeno a lo tangible.

¿Quién no ha deseado alguna vez que cesara esa lucha interior?¿Quién no ha deseado convertirse en una de esas personas que simplemente se dejan llevar?¿Quién no daría parte de su existencia por reconocer lo perfecto en los pequeños detalles de la vida sin intentar ir más allá de lo que posee en su presente? Si esto es así, que lo es para algunos, sería cierto entonces que luchamos contra la vida que nos tocaría por designio, quizá siguiendo ideales dictados por otros humanos tan insatisfechos como nosotros.

Me niego a aceptar sin embargo, que si se me ha dado la capacidad para imaginar y desear, nada pueda hacer para conseguir lo que deseo e imagino. Siento entonces la desazón, del que vive día a día por vivir, en espera de un futuro cercano que sueña pero que nunca ha de conseguir.

No comprendo el por qué de este hecho, pero lo he probado en mil ocasiones. Solo existe una única posibilidad de alcanzar lo soñado. No desearlo.

Todos hemos escuchado alguna vez, que basta desear algo con mucha fuerza para conseguirlo. No es cierto. Los acontecimientos se concatenarán para que no podamos alcanzar nuestra meta de inmediato.

Es como si debiéramos pagar un tributo de paciencia y dolor por haber sido tan altaneros y desear lo que “alguien” no había pensado para nosotros. Quizá sean oídas nuestras súplicas, pero cuando rebajemos nuestros humos y volvamos a la fría y triste realidad que nos corresponde.

Pareciera la vida entonces, un juego de mesa en el que los humanos somos piezas movidas por manos poderosas que desconocemos. Una fábrica de expectativas en la que somos peones trabajadores vigilados por un amo despiadado que somete cualquier mínimo intento de rebelión al orden que ha establecido por motu propio. .

¿Esa sería entonces, la verdad de la vida? Puede ser que así sea o quizá todo lo argumentado, sea una simple ensoñación del que busca más allá de lo que puede ver, a fin de ordenar lo que a priori parece un sin sentido.