
Cuando un viaje finaliza, uno querría alojarse en aquel lugar intermedio donde no se encuentra lo que sabe que va a llegar nuevamente, pero tampoco aquello que deshecha del pasado inmediato que fue presente hace muy poco.
Cuesta enfrentarse a lo que viene, tanto por lo desconocido que supone, como por los recuerdos que se agolpan en la mente del viajero.
¡¡No resulta fácil resgresar al mundo de los vivos!! Pero tampoco lo es hallarse para siempre en el limbo de un tiempo abierto a todo.
Nuevamente, la rutina lo envuelve todo con su rabiosa velocidad haciéndonos olvidar los pequeños momentos de ociosa felicidad vividos ayer, pero al tiempo es el antídoto más efectivo para soportar el dolor que supone vivir en nuestro mundo.
Hoy regreso al mundo de los vivos, que no es más que el mundo inerte de los sueños rotos.
Rubén
rubenlopezfdz@hotmail.com