
¡Qué bonita la primavera! Que cubre los campos de mil colores, despojándolos de la triste vestimenta del gris invernal. Olor a flores y a vida, en un tiempo de sol renovado de fuerza y energía. ¡Qué bonita! Sobre todo cuando el viento sacude suavemente las copas de los árboles y las flores esparciendo la semilla de la vida sobre los campos. ¡Qué bonita! Con sus alergias, catarros y demás desastres del sistema respiratorio humano.
¡Qué bonita la primavera! Ciclos físicos que mutan invariablemente, condicionando también la evolución en la actividad humana que se aleja cada día más de la triste rutina laboral invernal y nos acerca al tiempo de ocio más absoluto. ¡Qué bonita! Con sus exámenes, oposiciones y demás pruebas a la resistencia física y mental humana, cuando el calor comienza a apretar y en lo único que podemos pensar seriamente es en el viajecito a la playa que nos haremos cuando por fin podamos irnos de vacaciones.
¡Qué bonita la primavera! Cuando la sangre altera y cupido lanza sus dardos envenenados sobre los corazones débiles y aletargados del solitario invierno. Sangre, que sobre todo se deposita insistentemente sobre los lugares menos apropiados del cuerpo humano para que nazca el amor puro y sincero... Nace en nosotros (sobre todo los hombres, que para algo tenemos la testosterona que todo lo domina) un deseo por desear el amor del cuerpo sobre el cuerpo. El amor de la carne sobre la carne y del placer por el mero gozo de sentir gozo. ¿Amor primaveral puro y verdadero? ¡Ja!
¡Qué bonita la primavera! ¡Dios sabe a quién se le ocurrió el dichoso nombrecito y en quién estaba pensando el susodicho individuo, que asoció la tempestuosa febrilidad del cuerpo en tránsito estacional a una figura femenina y posiblemente de su parentesco!...¿Incestuosa o casual elección?
Pero... ¿Qué está pasando?¿Qué le ocurre a la “Prima Vera” para que ya no sea la misma que fue antaño? ¿Quién la está desequilibrando de este modo? ¿Será un amor de “hombre”? ¡Sí! Seguramente un amor destructivo, un mal amor, un amante maltratador que lleva años haciéndola sufrir de tal modo que ahora se revela contra todos a los que en el pasado regalaba tiempos bellos de luz, color y energía vital.
¿Qué puedo hacer yo para ayudarte “Prima Vera”? ¿Qué puedo hacer yo para calmar tu dolor y que regreses a la situación de paz que te hacía tan bella y deseable?
¡Puedo intentar hablar con él! ¡Ya sé, que apenas escucha y es un gran egoísta que no ve más allá de un placer presente e inmediato!¡Ya sé, que ese “hombre” no es el mismo que conociste en el pasado y que te trataba como a una reina cuidando y mimando cada parte de tu lindo cuerpo!¡Ya sé que tú no puedes hablar con palabras y que estás intentando comunicarte con “él” a través de los cambios que manifiestas.
Pero...Si yo puedo hablar contigo, comprenderte y escucharte...¡Quizá otros también puedan! ¡Sí! Seguro que muchos otros también ya lo hacen. Seguro que existen miles de personas que han comenzado a ayudarte. A frenar los males que te aquejan. A superar los maltratos de ese “mal hombre” que tanto daño te ha hecho y sigue haciendo.
¡Te pido por favor, que no te derrumbes! Que comprendas la fragilidad del “hombre” que maltrata y al tiempo no puede vivir sin ti. Que aguardes a que vuelva en sus cabales y comience a escucharte y cuidarte como hace años; que abandone el frenesí por lo nuevo y regrese a la quietud y la calma que proporciona el amor a lo natural.
¡¡Confío en el regreso de la cordura!! Porque todo lo que ha hecho ese “hombre”, ha sido resultado de una locura transitoria, de una etapa autodestructiva demasiado duradera, que lo ha llevado a los excesos más absolutos. Pero como toda etapa histórica, volverá sus pasos hacia el punto de partida y comprenderá que el camino a seguir debe ser el de vuelta al hogar.
¡Aguárdalo sin rencores y con los brazos abiertos! Y mientras tanto, trata de lamer tus heridas impidiendo que la corrupción llegue a la carne y te conduzca hacia el fin de la existencia. Porque si tú mueres, querida “Prima Vera” ten por seguro que “él” morirá contigo también, ya que su arrogancia nace de sentirte segura e imperecedera.
Mientras te renuevas y aguardas su vuelta, trata de cuidar el efecto nocivo de tus manifestaciones sobre los que siempre te hemos querido y escuchado (aunque quizá en ocasiones también nos hemos abandonado al frenesí de lo nuevo y te pedimos disculpas por ello). Permítenos gozar de tu belleza sin ahogarnos con cada bocanada de aire que inhalamos. Permítenos, “Prima Vera” disfrutar de tu compañía, sin los sobresaltos de la “gripe de ida y vuelta”. Despierta nuestros sentimientos más bellos, moderando las arremetidas del instinto.
En definitiva, vuelve a ser la misma de la que todos hablaron y escribieron algún día a lo largo de la historia. La misma que todos conocemos desde las creencias y la cultura más arraigada y profunda. Vuelve a los orígenes que te definen y de paso muéstranos el camino de regreso a los nuestros.